
Sonríe levemente mientras espera a que se abroche la camisa de seda azul oscuro. Ella esta sentada con las piernas cruzadas y desnuda encima de la cama blanca mientras el día parece llorar todo lo que no lloró los días azulados de verano. Él está serio, se mira en el espejo y se coloca el pelo, no hace falta pero, pues haga lo que haga le queda bien todo lo que se ponga. Mientras tanto ella sigue observando a su verdadero amor mientras ve como su carmín rojo está esparcido por el edredón blanco, manchas de amor, de locura.
Y sigue lloviendo y él sigue mirándose en el espejo y pensando en como demostrarle cuánto la necesita, pasaron demasiadas cosas para ahora no demostrarle todo lo que se merece. De todas formas el cielo no volverá a ponerse azul hasta mañana y ella no se vestirá hasta el día siguiente, de todas formas volverán a hacer el amor como aquella primera vez, volverán a sentirse como antes, volverán a ver que son imprescindibles el uno con el otro mientras fuera la tormenta siga como antes.
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